
Con el corazón en la mano,
sentí en tu piel el temblor.
Leí todos tus temores,
te sostuve en el derrumbe
te abrigué en el crudo invierno
con tres leños y mi amor.
Y el verbo logró la magia
cada sílaba fue un capullo
cada palabra una flor.
Absorbiste de ese aroma
y con tu alquimia lograste
la mejor de las esencias.
Bebiste del manantial
y transformaste creencias.
Hoy la savia de tu ser
es mejor que tu perfume,
y lo sabio de tu alma
quedó tatuado en tu aura,
para que no se te esfume.
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